Esta noticia de El País nos presenta cómo Cullera está al borde del suicidio urbanístico.
No nos engañemos: esta vez La Mafia Inmobiliaria no ha sido responsable de tal estupidez.
Invadir con rascacielos la desembocadura del Júcar no es buena idea: es pan para hoy y hambre para mañana.
Si te cargas la desembocadura del Júcar, no puedes vender suelo allí poco a poco, y con mucho márgen de beneficio.
Además el turismo – ese que da dinero – ya no pide grandes hoteles a pie de playa (como en Miami). Pide hoteles pequeños con playa privada (que en España es imposible).
Los que están detrás de esto no son mafiosos; son idiotas que buscan prejubilarse.
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